Hoy venía caminando por las calles de esta gran ciudad mientras acompañaba a mi madre a una consulta médica. Venía jugando con una chapita de Santa Teresa de Ávila que traigo en mi chamarra, viendo como la luz jugaba con la plata cuando un recuerdo me asaltó de repente; era el recuerdo de cuando nos ponían películas en la preparatoria (si, soy así de random :P).
Yo estudié quince años con las monjas teresianas, amén. La verdad tengo recuerdos muy bonitos de mi vida con ellas pero también muchos de los más graciosos, como el de las hermanas que nos ponían películas cuando un profesor no llegaba.
El recuerdo en específico que me encajó sus dientes fue de una en ocasión cuando tenía 16 años, y NO fue hace tanto tiempo (bueno, si, casi 10 años…*Oh, Lordy…*) que nos pusieron ‘¿Conoces a Joe Black?’(Meet Joe Black, 1998).
No tengo muy presente que materia se supone que íbamos a tener o porqué la Madre X creyó que esa era una buena película para que viéramos, pero en fin esa fue la que nos puso. Lo mejor es que todavía fue en VHS y a parte pirata (*y no me estoy sintiendo anciana ahorita…*) y en el salón de clases solo teníamos una tele mediana para casi 60 canijas.
En fin, la escena era dantesca. Casí 60 chicas de entre 16 y 18 años con Boings congelados y Cazares con salsa verde sentadas en el piso, con nuestras falditas plegadas, coletas, frenos y calcetas hasta la cintura, aglomeradas debajo de una televisión con mala imagen y peor sonido tratando de ver un poco de Brad Papito Pitt.
Ahí estaba yo, la chica inadecuada que creció para convertirse en una mujer rara, pegada cual lamprea parásita a mi congelada cuando la película empezó. Hacía tiempo yo ya había visto con mi Apá la versión original 'Death takes a Holyday' del gran Frederic March (*¡yay!*) de 1934, porque la trama no me interesaba, sino, ya saben, el Pitt. Como iba diciendo, empezó el film y la escena de la cafetería y con ella los respectivos ‘¡Awww!’ de las adolescentes hormonales de mi clase :3.
La historia va de que efectivamente, la Muerte decide, porqué no, tomarse unas vacaioncillas y venir a turistear al mundo de los vivos de la mano de un magnate multimillonario de las telecomunicaciones que es Anthony Hopkins (nada tonta, la Canija); claro que para ello se roba el cuerpo de un pretendiente de la hija de dicho magnate que tiene el rostro de Brad quieroteneratushijos Pitt (nada, nada tonta).
En una semana va a explorar el mundo de los vivos a cambio de darle más tiempo al personaje de Hopkins para terminar sus asuntos pendientes, y obvio, la Muerte se enamora. Pero claro que La Muerte no se puede enamorar ¿o si?
La premisa es buena y la película tiene un gran score y muy grandes actuaciones, pero de alguna manera se pierden entre TODO lo que el film es. La película no se me hace mala, de hecho creo que es buena. El problema que tengo con ella es que es más larga que el mes de mayo. No es que no me gusten los films largos, amo la saga del Señor de los Anillos, es que un film largo tiene que justificar su duración y Joe Black no lo hace, tiene una serie de repeticiones sin sentido ad nauseum.
Hay escenas de más, personajes de más, y por un momento parece circular sin sentido. No me malentiendan, no digo que todas las subtramas son malas, me encanta cuando Joe se pone a hablar creolé con la viejita, pero estaba de más. Un esfuerzo excesivo para hacer simpático lo que básicamente es La Calaca de la Guadaña. Recuerdo haber ido al baños al menos tres veces antes que hubiera un avance significativo del film.

Anywaaaay, quitando mi queja sobre la duración, tenemos una película muy conmovedora que tiene un final feliz que no te deja feliz, porque la ‘pareja’ principal no se queda unida. Y bueno la infinidad de cabos sueltos que no se acaban de resolver (El Chico de la cafetería tendría que ir a juicio contra Drew y ¿cómo testificaría?).
En fin, hay que verla con dos granos de sal y disfrutarla como es. Me quedo con el tag line de la versión del ’34 para resumir la belleza de este film: He lived for three days, and loved forever.
Hace 10 años una clase llena de niñas salió suspirando por el amor eterno y aun hoy se me antoja congelar un Boing y sentarme a verla, tan larga como es.
XOXO, La Cinéfila.